Mirando con los ojos del alma - Por Claudia Silvo

 

SIN PARTO

Ella tuvo un sueño y  dudaba si fue real o una fantasía. 
Tenía  21 años, estaba embarazada y feliz de llevar ese bebé  en su vientre. 
Se casó cursando el cuarto mes de gestación y  disfrutaba de su “pancita”, la acariciaba 
y se divertía sintiendo los movimientos de ese pequeñín.

Todos los meses iba a los controles obstétricos y siempre le decían que estaba todo bien. 
La acompañaba su papá al médico  porque su pareja estaba muy ocupada. 
En esa época no había celulares y tener un teléfono de línea era un logro en la familia.  
A través de un llamado telefónico podía contar siempre con la presencia de su papá.
 
Trabajaba en ese momento en la Obra Social de Ferrocarriles, era una joven muy querida.  Sus compañeros, tantos jóvenes como adultos la admiraban por su constancia por 
el estudio y su amor por ese embarazo.
 
Una de sus jefas la llamaba "pato criollo" porque siempre hacia algún lío. 
Tenía y aun tiene una sonrisa encantadora y una mirada tierna que desarma cualquier reto. Era la más chica del grupo y sus compañeros le decían "pampita" por una de las protagonistas de la historieta del loco Chávez que figuraba en la contratapa del diario “Clarín.” 

Trabajaba y estudiaba ciencias sociales en la Universidad de Buenos Aires, hasta que 
un día su mundo cambió inesperadamente.  
Estaba trabajando, se descompuso en el séptimo mes de su  embarazo y dos de sus compañeras la acompañaron en una ambulancia hasta la Maternidad Sardá.
 
Ella  no podía entender que estaba pasando.
Llegó a la maternidad, y tuvo  la mala suerte o la mala praxis de que la atendiera 
un médico sin escrúpulos, que, mientras se desangraba en una camilla, 
él estaba cogiendo vaya a saber con quién. 

Sentía frio y mucho dolor.  De pronto escuchó una voz que dijo: Ya su bebé murió, 
ella puede esperar.  

Y si, en ese instante, ella  perdió las  ganas de vivir. 
Se observaba que caían unas lágrimas por sus mejillas y lo que no vieron fue el corazón partido en dos .                                                                          
En ese momento, se acerca una joven, técnica en laboratorio, que fue a realizarle una extracción de sangre y le dijo: …"- Por favor pásame un teléfono, acá te están dejando morir y mi novio, que está en la entrada de urgencias  puede llamar a tu familia -"... y terminó diciéndole: …"-No aflojes, mereces vivir."...
   
Luego sólo supo que terminó el turno noche y a la mañana la estaban rodeando un séquito de médicos, residentes, etc; mientras su familia estaba en la entrada discutiendo y buscando respuestas de qué le estaba sucediendo.
Jamás la familia dijo que la llamaron del hospital para que vinieran a pelear por su vida.
  
Ella siempre estará eternamente agradecida a esos dos ángeles sin alas que andan en La Tierra  salvando vidas.
 
Mientras los miembros de su familia discutían en el pasillo de la sala de partos, en la sala,  una de las doctoras, jefa de residentes de ese nosocomio dijo: "- Que paso acá ? -" 
Y en un rato, sintió que la desgarraban por dentro y le sacaban a su bebé sin vida.  
Creyó que su vida se había ido con él. 

Su estado de salud era muy grave y por tal motivo fue trasladada a terapia intensiva del Hospital Argerich. 
Los médicos no podían creer en las condiciones que había llegado esa joven. 
Con firmeza, el director y el equipo médico en su totalidad, se opusieron a volver a 
trasladarla a la Maternidad cuando estuviera repuesta. 
Con dedicación y afecto hicieron todo lo posible para que se quedara con ellos y salvarle la vida. 
  
Ella, durante ese proceso, siempre sintió una luz que la rodeó y un sol que le daba calor. 
Y es el día de hoy que sus allegados le cuentan que no había ventanas en esa habitación.
 
Luego pasó de terapia intensiva a intermedia y estuvo un mes y medio internada. 
Sola, con la única compañía de los médicos, residentes y enfermeras. 
Aún no sabe y no tuvo mayores repuestas de porque dejaron de ir a visitarla.
                
Cuando le dieron el alta y volvió a su casa, nada volvió a ser como antes. 
Internamente algo se quebró en ella. 

Hoy tiene unos cincuenta y pico de años y ese sueño fue una realidad tangible que salió a la luz para soltarla.

Recuerda una palabra japonesa  “nankurunaisa” que significa que con el tiempo todo se arregla y trae a su mente otra palabra que es “wabi-sabi”, y su significado es: siempre uno ve belleza en las imperfecciones de la vida.
 
Y ella revivió el  dolor en ese sueño y lo soltó. 
Lloró todo el día y sabe que todo llega en el momento que tiene que llegar. 
Se perdió en ese sueño y se reencontró. 
                                                        
En este aquí y ahora, su alma sonríe porque tiene tres hijos maravillosos y cinco nietos. 
Cierra los ojos y observa  que en un rincón de su alma está ese hijo que hoy descansa en paz y ella también.

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Luna Marplatense 

Ella se encuentra mirando ese mar que la conmueve y esa luna Marplatense que la subyuga.  La luna la  invita a soñar con detalles que la hacen feliz: un mate que la despierta a la mañana, un abrazo que le apapacha el alma, una cerveza bien fría compartida con alguien que le gusta, un encuentro acogedor que le revive buenos momentos, una cena de exquisitos y deliciosos sabores, una sonrisa que contagia al que esta al lado suyo, una carcajada  hasta que le duele la panza, un latido intenso del corazón que la hace sentir viva, una mirada que la acaricia hasta lo más profundo de su ser.

Ella percibe el encanto de esa luna reflejada en el mar y el instante único que está viviendo, lo capta porque reconoce que la belleza está en las pequeñas grandes cosas de la  cotidianidad y presiente que la vida es así,  así de simple.

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Ilustración: Nico ilustraciones

EsCriBirTe   

Qué bueno que estas caminando,
Que no miraste atrás,
Que estas siguiendo  tus sueños,                                         
Que nada  ni nadie logró paralizarte                                                                    
a través  del miedo. 
Que  sos  valiente,
Que has vuelto a volar, 
Que abrazas  lo que te hace bien,    
Que te borraste para volver a escribirte,
Que escribirte te llevo a escribir,                                                                                        Que escribir te llevo a contar historias,                                                                              Que todos somos  historias,                                                                                    
Que vale la vida contar.

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Ilustración - brunaunareinadeldivague

Siempre hay luz entre tanta oscuridad  (El Sol siempre está)

Ella se encuentra con las emociones alborotadas y eso siempre afecta a su salud. 
Se sienta en su zafu y bucea en el interior de su alma a través de la meditación y es ahí donde encuentra las respuestas.  
A veces lo visible engaña y es lo invisible lo que la lleva a estar con miedos tangibles. 
Más de una vez a recibido una amenaza sabiendo que se mueve en mundo patriarcal y machista y lo ha sabido manejar.
 
Y en contraposición existe el compañerismo, la solidaridad y la empatía en su alrededor 
que la llevo siempre a buen puerto.

Esta vez fue una amenaza al ser que más ama y mientras sus amigas apuntaban 
sus temores hacia diferentes lugares, la amenaza tangible, esta ahí y la enoja, 
la enfurece y a su vez le da miedo.  

Intenta comprender al ser humano y sus mezquindades, los mundos, todos, y por fin ha logrado no juzgar.
 
Hay un largo recorrido para llegar a ese punto. Más allá de lo dicho, esa persona que vulnera a través de una amenaza al otro es algo que todavía no puede llegar a comprender.                                       
Pasado un rato, alcanza ese instante donde encuentra templanza para analizar la situación 
y hoy la repuesta está en su Sol, en su Mantra de cabecera entre todos sus mantras:  SOOOOL... 
Reflexiona y se dice lo que siempre le dice a los demás: tranqui, que todo pasa y esto también pasará. 
Siempre hay luz entre tanta oscuridad. 
El Sol siempre está.

Agua de los tiempos - Raly Barrionuevo






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