¿Dónde empieza el FEMI ( NI ) CIDIO ? - por Carolina Beresi





        Los últimos días se volvieron insoportables y las amenazas de muerte eran permanentes. “Si me denuncias te voy a matar”, “si te vas de la casa te voy a matar”, “si me sacan de la casa te voy a matar”…
Cuando me desperté estaba corriendo por el medio de la calle. No sentía nada, no sentía dolor, solamente sentía humedecida la cabeza. Me toco y veo que era sangre, pero no me dolía. Fui hasta el Centro de Salud y me hicieron las curaciones. Y, si bien, fue mi pareja intentó matarme golpeándome con un caño en la cabeza, nadie me aconsejó o me alentó a hacer la denuncia.Cuando me desperté estaba corriendo por el medio de la calle. No sentía nada, no sentía dolor, solamente sentía humedecida la cabeza. Me toco y veo que era sangre, pero no me dolía. Fui hasta el Centro de Salud y me hicieron las curaciones. Y, si bien, fue mi pareja intentó matarme golpeándome con un caño en la cabeza, nadie me aconsejó o me alentó a hacer la denuncia.Cuando me desperté estaba corriendo por el medio de la calle. No sentía nada, no sentía dolor, solamente sentía humedecida la cabeza. Me toco y veo que era sangre, pero no me dolía. Fui hasta el Centro de Salud y me hicieron las curaciones. Y, si bien, fue mi pareja intentó matarme golpeándome con un caño en la cabeza, nadie me aconsejó o me alentó a hacer la denuncia.Hasta que volvió una tarde, buscó excusas para que las nenas salgan de la casa, me golpeó, me encerró en una pieza y me prendió fuego. Pude salir al patio, gritando por ayuda a mis vecinos.Mi casa se incendió totalmente, él se escapó e intentó suicidarse, yo fui internada en el hospital. Pude resistir dos días y no pude más…1





          El Femicidio no es solamente el asesinato, la muerte de la mujer. 
Consiste en un “…continuum de violencia contra la mujer que va desde la amenaza verbal, gestos corporales violentos hasta la violencia física, violencia psicológica, sexual y violación, hasta llegar a la posibilidad de la muerte de la víctima…” como se lo define actualmente.
Y sin embargo, esta definición no alcanza para dar respuesta al fenómeno, porque las instancias de intervención en cada caso deben ser precozmente detectadas.
A pesar de todas estas diferencias que encuentro en cada situación particular, con el tiempo pude encontrar similitudes en los relatos que escucho, que cuando aparecen en una entrevista me alertan porque van perfilando un peligroso sendero por el que estas mujeres transitan.
En muchas de las entrevistas me cuentan que la violencia ya estaba presente en sus familias de origen, como por ejemplo cuando sus madres tenían que salir acompañando a su padre, pero con la mirada hacia abajo para evitar que pensaran que miraban a otros hombres o cuando se ejercía una violencia brutal hacia los hijos con el fin de “corregirlos”. Lo que, generalmente, daba lugar a que las mujeres entrevistadas reconozcan que buscaron la manera de salir cuanto antes de esos infiernos. A veces esas salidas del hogar se dan a los 18 o 19 años, pero muchas veces sucedían a los 13 o 14, prefiriendo quedar en la casa de desconocidos, en la calle o incluso en el cementerio antes que en casa.
Mencionan la aparición temprana del amor, de alguien que las quería y las cuidaba (quizás excesivamente), contrariamente a lo que habían vivido o sentido hasta ese momento.




          Un momento crucial en la vida familiar está dado por los embarazos. Estas son etapas donde cambia la estructura familiar y la centralidad del hombre dentro de la familia también sufre cambios. Es por eso que siempre tenemos en cuenta esta etapa en nuestras evaluaciones y escuchamos cosas como “…durante el embarazo estuve internada dos veces por los golpes que me dio…” o “…yo perdí mi segundo embarazo por los golpes… era un nena…”
En muchas ocasiones, esos cuidados se transforman durante el primer embarazo en control, desconfianza y en la imposición del ámbito hogareño como el único posible para ellas. Esto implica dejar de estudiar y de trabajar, dejar de ver a la familia, dejar de ver a las amigas, entre otros límites que aparecen. Y casi sin darse cuenta quedan atrapadas en una jaula invisible.
En una entrevista se describe algo de esto cuando la mujer me dice “…tener que mentir para poder salir sin que piense que estaba haciendo algo malo…” lo que le generaba sentimientos contradictorios, culpa y también indignación.
“…mentí que iba a cenar con una amiga, cuando en realidad nos juntamos a festejar el cumpleaños de un compañero de promoción que, justamente, se encontraba en la localidad…”





          Es central para el agresor evitar toda posibilidad de desarrollo personal, 
el que es percibido como una seria amenaza a su ejercicio del poder.
Con estos cambios vienen también la utilización frecuente del insulto, las palabras humillantes, el “dedo en la llaga” remarcando y culpabilizándola por cada error cometido, los silencios como forma de castigo, la burla, el desprecio.
Y también empiezan a aparecer cambios físicos en las mujeres, cambios en el estilo de ropa (usan ropa más grande, más tapada) o el descuido en el arreglo personal. Muchas veces se da un notable aumento o descenso en el peso. Una de las entrevistadas me contó que “…en ese momento pesaba 32 kg…”, se refería al momento donde los niveles de violencia hacia ella eran los más altos y cuando más en riesgo se sentía.
Me cuentan como aprendieron también a cambiar su actitud, cada vez que notaban que su pareja comenzaba a mostrarse agresivo, asumiendo una actitud callada y una presencia casi invisible, tratando de que no alterar más aún a su esposo. Es lo que llamamos conductas adaptativas que tratan de minimizar el riesgo inminente.
Muchas veces, este temor es transmitido de la misma manera hacia los hijos, por parte de sus madres, por lo que también los hijos desarrollan conductas adaptativas con el tiempo.




          La vida familiar transcurre siempre en tensión, todo se vuelve objeto de discusión por quien ejerce la violencia. Una de las entrevistadas me contaba que su esposo “…me cuestionaba si me arreglaba, si me bañaba para ir a clases y me pintaba…”. Con frecuentes escenas de violencia ambiental, donde el agresor demuestra su poder “…tirando cosas, manipulando objetos como cuchillos o armas de fuego para dar miedo a los que se encuentren cerca…”.
Sin embargo, en casi todos los casos, es muy difícil de detectar cuando se entrevista al agresor, porque mantiene una máscara ante la sociedad y su entorno social. 
Se muestra como una persona amable, buen vecino, buen amigo y buen esposo y padre de familia.
Aunque una mujer describe con claridad lo que en realidad sucede “…ante la presencia de extraños, con una mirada podía darme cuenta si había dicho algo de más o si él no estaba de acuerdo con algo que dije…”.
Lo que se vuelve peligroso si no lo tenemos en cuenta en las intervenciones. 
Una mujer me comentó el desarrollo de una audiencia, en la que fue citada junto a su esposo, donde éste mantenía tan respetuoso trato con todos los presentes, que ella terminó dicha reunión recibiendo consejos sobre rever su posición tan cerrada en contra de su esposo, quien (evidentemente) era una persona muy considerada.
La violencia física implica otras cosas. No puedo olvidarme que me explicaba que estuvo escondida una semana para evitar que alguien advirtiera las marcas que se le veían en el rostro o de la mujer que recibió consejos de volver con su esposo, luego de que este le aflojara varios dientes, para resguardar a la familia. Y su angustia al contarme que se fue a una plaza a llorar por horas, sin tener otra opción que recibir nuevamente a su esposo.
También implica la violencia sexual, como cuando me dicen que “…exigía mantener relaciones sexuales como manera de comprobar que no tenía amantes…”.
O la mujer que me dijo que para que su pareja dejara de golpearla “…trataba de pedir perdón para calmarlo…” y agregaba que siempre después de golpearla, el “…se tranquilizaba, se mostraba arrepentido y decía que me amaba y que no se repetiría nunca más…”.
Una de las mujeres entrevistadas se fue del hogar y en su exposición policial sostuvo que fue “…una decisión es de mutuo acuerdo…” y me aclara que lo hizo por precaución, por miedo a la reacción de su esposo, quien quedó con sus hijos en el domicilio familiar. 
Es decir, en ese momento, no hubo denuncia por violencia.




     Como decía al principio, el término Femicidio no alcanza. Marcela Lagarde, 
al tomar conciencia de esto, nos aporta el término Feminicidio con una 
finalidad clara: condenar la impunidad del Estado y su negligencia en la investigación de los asesinatos de mujeres.

     La detección de los indicadores de Violencia de Género debe ser precoz y la intervención del Estado para frenarlo debe ser inmediata. 
Quienes intervenimos en estos casos debemos estar atentos, para poder detectar a tiempo el proceso que se encuentra atravesando la mujer y exigir al Estado su acción urgente para evitar la pérdida de la vida.

1 Relato ficticio basado en situaciones reales en las que intervine.



Fragmento de la película " Te doy mis ojos" ( Ti do i miei occhi ) 



No Te Va Gustar - Nunca más a mi lado






Carolina Beresi:

Trabajadora Social Forense – Poder Judicial Corrientes
Licenciada en Servicio Social (USAL) 
Diplomada en Dirección del Servicio de Facilitadores Judiciales (OEA)
Magister en Relaciones Internacionales (UNINTER)




Comentarios

  1. Fuerte el tema. Duele. Creo que es importante visibilizarlo todo el tiempo. Gracias Caro!

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  2. Doloroso. No hay que dejar de insistir, abrir las mentes, y educar en la materia. Muy buen análisis.

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